La vida continua, el tiempo pasa irremediablemente, inexorablemente, sin dejarnos oportunidad de pararnos a pensar.
Levantate, recuerda donde has dejado el coche, conduce como un zombi (porque ayer te acostaste tarde y tienes un sueño que te mueres) hasta el trabajo, dedícale todo el día, soluciona los problemas de tu empresa, gestionale sus asuntos, eso si con dedicación y buena cara pero sin pensar en ti. El caso es que encima, cuando sales del trabajo, te cuesta desconectar.
Regresas preocupado por si encontrarás un lugar para aparcar, compras cuatro cosas que te hacen falta, subes cargado las escaleras, porque claro, un piso con ascensor es muy caro para ti.
LLegas y hogar dulce hogar, te apalancas en el sofá a disfrutar pero la tripa te cruge, haz de cenar, cena y recoge. La hora de irse a dormir...y mañana, vuelta a empezar.

Con lo gratificante que sería tener tiempo libre, para ir a dar un paseo, irte con un libro al parque si hace solecito, visitar a tus amigos, organizar una comida, apuntarse a un curso de danza del vientre, ir al gimnasio (ese que pagas hace tiempo y nunca tienes tiempo de ir), ir a buscar a tu sobrina al cole a las 16.30, en definitiva tiempo para vivir.

Creo, despues de haber leído esto, que tengo el sindrome de la depresión posvacional, seguro que es eso.
Afortunadamente, se pasa...